sábado, 13 de julio de 2013

Des-pedida

En tu cabellera

habitaban sombras,

días nublados y lluviosos.



Resbalaban las notas más amargas

sobre la aspereza de tus manos.



Quise endulzar tu alma,

pero esas mieles resultaron

ser profanas,

en tu tierra ya sin dioses.


Desquebrajado el polvo,
entre las raíces 
de árboles marchitos,
lograba deslizarse 
de vez en cuando
la vida.


Fue la vida que yo amé,

con todos sus misterios

y esplendores;

con la pena taciturna de la muerte.



Procure ignorar

la urgencia de los latidos

y los ancestros.



Ahora, veme aquí

mientras huyo

a través de las palabras

que enhebro en el desierto.


DG.


1 comentario:

Rafael Indi dijo...

Aterrizo aquí y me quedo con tu permiso. Tienes otro seguidor más.

Un saludo desde mi paracaídas ardiendo.